LA PROVOCACIÓN DE SERGIO RAMOS

ramos_mdsima20170112_0354_21Que Sergio Ramos es un futbolista excepcional, uno de los mejores defensas de los últimos tiempos, es indiscutible. Como también lo es su falta de luces. El camero, criado y formado en los escalafones inferiores del Sevilla FC, cometió ayer un grave error al enfrentarse con un sector de la afición que le vio crecer, un sector de sevillistas aún dolido por su marcha al Real Madrid. Una salida mal explicada por ambas partes, club y jugador, que ha impedido que este fenomenal jugador de fútbol haya tenido un recibimiento, digamos, normal cada vez que visitaba la que el llama su casa. Con todo, su gesto de ayer, complica, y mucho, que las aguas vuelvan a su cauce, tal y como querrían tanto Sergio Ramos como su familia. Y es que el respeto se gana respetando, no entrando en absurdas batallas con la que un día fue su afición.

La justificación que da Ramos a sus gestos no le conmina de tener la razón. Más allá de la inconcebible reacción de esos aficionados que le dedicaban improperios e insultos tanto a él como a su madre, el camero debería haber estado por encima y demostrar que, como futbolista y persona, debe estar por encima de esos energúmenos. Tampoco ayuda que Sergio Ramos compare el trato recibido por él con otros jugadores que salieron del Sevilla buscando prosperar deportiva y económicamente. Quizás el futbolista del Real Madrid deba plantearse el porqué. El respeto se gana respetando, no entrando en absurdas batallas con la que un día fue su afición

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Sergio Ramos, con su gesto de ayer, desafía y falta el respeto a una afición de la que dice sentirse uno más. Yerra el tiro de la guerra abierta que mantiene con el ex presidente Del Nido y con los Biris, una vez que con sus actitudes y declaraciones iba consiguiendo que la tensión bajara. Ayer estuvo falto de luces el camero, harto y cansado de una situación que él considera injusta, pero que, probablemente, haya significado que si había alguna posibilidad de que volviera a Nervión algun dia de forma querida, quede enterrada para siempre. Y es una pena, porque quizás sea uno de los emblemas más representativos de la carreretera de Utrera, un niño que echó los dientes en la cantera del Sevilla y que ha sido campeón de todo. Ayer se equivocó, porque el respeto se gana respetando, no entrando en absurdas batallas con la que un día fue su afición.

A esa actitud chulesca y altiva, sosteniendo la mirada a los Biris como diciendo “escuchad al resto del campo que me aplaude y vosotros no”, para posteriormente señalarse la camiseta para que quede claro que él es Sergio Ramos es una vacilada sin sentido. A la que hay que sumar, por cierto, ese lanzamiento de penalti a lo Panenka solo para decirle a ese sector de la afición que él tiene los huevos más gordos que ninguno. Por mucho que luego pidiera perdón a la afición, por mucho que se sintiera dolido, esa reacción de ayer, tras marcarle el enésimo gol al Sevilla, sobraba. Probablemente, fruto del cáracter y la pasión de la que hace gala el central madridista, pero que finalizó en una provocación innecesaria 1484259763304a los aficionados de su equipo. El respeto se gana respetando, no entrando en absurdas batallas con la que un día fue su afición.

Pd: A los que lo justifican, o dicen que lo entienden, me gustaría preguntarles que pasaría si esa reacción la hubiesen tenido otros futbolista, llámense Piqué o Neymar. Ya contesto yo, doble rasero.

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