LA ÚLTIMA BALA

Además de la lluvia, hacía frío,

decidí coger mi bufanda más querida,

dispuesto a recorrer el viaje más largo de mi vida,

sin retorno, sin mirar atrás.

Era un triste invierno para dar aquél paso,

copos de nieve y una gélida brisa asomaban por la ventana

en tanto que las balas del viejo rifle aún brillaban.

Sobre todo una

Llegado el momento, cerré la puerta de aquella vieja casa,

dejé dentro mis recuerdos y centenares de historias,

y me prometí no volver a pisarla nunca.

El único inconveniente, que hay promesas que no valen nada

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TU HUELLA, MI ALMOHADA


Quiero que respires mi aliento

Quiero enredar tu cabello con el mío

Quiero volverme mestizo

Uniéndome poco a poco contigo

Quiero que apoyes tu cuerpo sobre el mío

Que me recorras lento

Quiero que contengas el ímpetu del desenfreno

Envuélvete en mi silencio, en mi respiración acelerada

Rodea mi cuerpo con tus ansiadas caricias

Hazle cosquillas a mi vida

Llévate de recuerdo mi sonrisa

Deja marcada en mi memoria, tus gemidos de este instante

Sellado a fuego este encuentro, que tantas veces soñamos

Siento tu deseo, lo percibo a cada momento

Sabes que te querría… sé que lo sabes

Haz que olvide mi nombre, que no exista nada más que tú y yo en este segundo

Deja tus huellas en mi vida…en mi cama

Este amanecer me delata, que otra vez te has colado en mis sueños

Apoyo mi cabeza en mi almohada… abro mis ojos… sonrío

LA MUERTE

Un suspiro de último aliento,

necesidad de huir y desaparecer,

necesidad de vivir de nuevo

pero incapaz de alzar el vuelo

Roto, pisoteado y dolorido,

incapaz de olvidar el daño,

de llorar porque no quedan ya lágrimas,

incapaz de experimentar sentimiento

Aún algún latido de esperanza,

duele en el alma como cuchillo clavado,

miedo de sufrir de nuevo,

miedo de volar de nuevo

Quizás todo ya acabó,

quizás es mejor llegado el final,

quizás mejor la cárcel eterna,

mejor la muerte en vida

Mejor que el riesgo al dolor.

Si algún volviera a latir …

de otra vida trataría.

LA PROVOCACIÓN DE SERGIO RAMOS

ramos_mdsima20170112_0354_21Que Sergio Ramos es un futbolista excepcional, uno de los mejores defensas de los últimos tiempos, es indiscutible. Como también lo es su falta de luces. El camero, criado y formado en los escalafones inferiores del Sevilla FC, cometió ayer un grave error al enfrentarse con un sector de la afición que le vio crecer, un sector de sevillistas aún dolido por su marcha al Real Madrid. Una salida mal explicada por ambas partes, club y jugador, que ha impedido que este fenomenal jugador de fútbol haya tenido un recibimiento, digamos, normal cada vez que visitaba la que el llama su casa. Con todo, su gesto de ayer, complica, y mucho, que las aguas vuelvan a su cauce, tal y como querrían tanto Sergio Ramos como su familia. Y es que el respeto se gana respetando, no entrando en absurdas batallas con la que un día fue su afición.

La justificación que da Ramos a sus gestos no le conmina de tener la razón. Más allá de la inconcebible reacción de esos aficionados que le dedicaban improperios e insultos tanto a él como a su madre, el camero debería haber estado por encima y demostrar que, como futbolista y persona, debe estar por encima de esos energúmenos. Tampoco ayuda que Sergio Ramos compare el trato recibido por él con otros jugadores que salieron del Sevilla buscando prosperar deportiva y económicamente. Quizás el futbolista del Real Madrid deba plantearse el porqué. El respeto se gana respetando, no entrando en absurdas batallas con la que un día fue su afición

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Sergio Ramos, con su gesto de ayer, desafía y falta el respeto a una afición de la que dice sentirse uno más. Yerra el tiro de la guerra abierta que mantiene con el ex presidente Del Nido y con los Biris, una vez que con sus actitudes y declaraciones iba consiguiendo que la tensión bajara. Ayer estuvo falto de luces el camero, harto y cansado de una situación que él considera injusta, pero que, probablemente, haya significado que si había alguna posibilidad de que volviera a Nervión algun dia de forma querida, quede enterrada para siempre. Y es una pena, porque quizás sea uno de los emblemas más representativos de la carreretera de Utrera, un niño que echó los dientes en la cantera del Sevilla y que ha sido campeón de todo. Ayer se equivocó, porque el respeto se gana respetando, no entrando en absurdas batallas con la que un día fue su afición.

A esa actitud chulesca y altiva, sosteniendo la mirada a los Biris como diciendo “escuchad al resto del campo que me aplaude y vosotros no”, para posteriormente señalarse la camiseta para que quede claro que él es Sergio Ramos es una vacilada sin sentido. A la que hay que sumar, por cierto, ese lanzamiento de penalti a lo Panenka solo para decirle a ese sector de la afición que él tiene los huevos más gordos que ninguno. Por mucho que luego pidiera perdón a la afición, por mucho que se sintiera dolido, esa reacción de ayer, tras marcarle el enésimo gol al Sevilla, sobraba. Probablemente, fruto del cáracter y la pasión de la que hace gala el central madridista, pero que finalizó en una provocación innecesaria 1484259763304a los aficionados de su equipo. El respeto se gana respetando, no entrando en absurdas batallas con la que un día fue su afición.

Pd: A los que lo justifican, o dicen que lo entienden, me gustaría preguntarles que pasaría si esa reacción la hubiesen tenido otros futbolista, llámense Piqué o Neymar. Ya contesto yo, doble rasero.

EL BESO AZUL, JORDI SIERRA i FABRA

el-beso-azulVagabundeaba yo la fría tarde noche del lunes por mi ciudad preferida del mundo cuando decidí adentrarme en una librería de la céntrica, y abarrotada, calle Sierpes. Tan masificada estba la calle que llegué a la conclusión, por primera vez en mi vida, que la línea recta no es la distancia más corta entre dos puntos. Sea como fuere, me paré para ampliar mi lectura en aquél lugar. Y si bien es cierto que ya había escogido otras obras, al leer el título y el autor me paré. Leí la reseña y ya no tuve dudas de que el Beso Azul, nombre que evoca a un poema de Federico García Lorca, sería una de mis primeras adquisiciones en este año que nos acaba de abrir la puerta.

A fe que no me equivoqué. He devorado sus más de 400 páginas en apenas tres ratos de lectura. Sí, me enganché a la historia de Rogelio desde el principio. Y es que la fotografía de la obra no puede ser más descriptiva: joven de izquierdas que es fusilado en aquel fatídico año 36, las balas que no le dan, consigue escapar y, cuatro décadas después, coinciendo con la muerte del diablo, que decide volver a casa.

Así, brevemente, se puede describir la última novela de Jordi Sierra y Fabra, uno de los autores en los que me base para mi colaboración en aquella grata experiencia que fue Versolibro. Pero en realidad hay más, mucho más. Porque la obra despierta intriga para el lector, recelo para los habitantes de ese pueblo que esconde entre los montes las muertes de hijos, amigos y vecinos. ¿A qué va Rogelio cuarenta años después? ¿Busca venganza?

Precisamente esa es la base argumental, ya que poco a poco se van desgranando las intenciones de nuestro protagonista. El escritor juega muy bien dando a conocer en profundidad al personaje, al igual que a su nueva familia al mismo modo que nos presenta  la nueva España, la España sin Franco, la España libre. Vemos el miedo en sus ciudadanos, en sus ideas, en sus formas de actuar y en quien confiar, conscientes de que el pasado nunca se irá.

De esta forma, Rogelio no sabe quién le delató en aquellos tiempos oscuros de la historia de España, ni por qué está vivo, ni el motivo por el que las balas de los que le “fusilaron” no le alcanzaron. Tras caer a la fosa, aprovechó la oscuridad para zafarse antes de que lo cubrieran con tierra. Su hermana sabe que está vivo desde hace 20 años, pero lo ha silenciado por miedo. Ahora que Franco ha muerto es la hora del reencuentro. Aquí entran en valor el resto de personajes.

Me parece muy nteresante el análisis psicológico de los mismos: la culpa, el miedo, la incertidumbre, y, sobre todo, sorprendente por la atitud de Rogelio.¿Cómo reaccionará su primera novia, el amor de su vida, o su mejor amigo, que se cambió de bando para sobrevivir y ahora es su marido? ¿Y el topo que ha vivido 38 años encerrado esperando a que el dictador muriera? ¿Qué hará el hijo del alcalde que lideró la revuelta en julio del 36 y que ahora gobierna la villa? ¿Y el sargento de la Guardia Civil? Intriga tras intriga, con el hilo misterioso del personaje, que se van revelando página tras página en una obra coral que se ambienta en la transición española y que deja claro que, mientras haya cuerpos enterrados en las cunetas, no se habrá acabado la Guerra Civil.

Es un libro indicado para saber más sobre este periodo de tiempo tan importante para España. En conjunto, este libro es entre dramático y misterioso. La intriga es un factor muy importante, tanto como la venganza y el perdón…

En fin, la vida.

EL FINAL NO EXISTE

No creo en la palabra final, es más, me parece una falacia, un engaño, una tomadura de pelo, un engañabobos. Cuando nos encontramos con un final, pensamos en la clausura de algo que no tiene continuidad, algo que ha muerto. Se deduce de la palabra que a partir de ahí, de ese final, existe la nada. Mentira.

Los finales, pocas veces dependen de nosotros, muy pocas. Somos seres complejos incapaces de cerrar puertas que otro decidió cerrar, ya sea una persona real, el destino, la naturaleza o la suerte. Nos obsesionamos con lo que ocurrió antes del desenlace, el desarrollo de este y, sobretodo, en alternativas para evitar lo que ya ha sucedido: el cierre de una etapa.

Nos empeñamos en recordar lo bonito, lo malo, lo dulce y lo peor, manteniendo viva en nuestra mente (y en nuestro cuerpo) una historia que nos negamos a aceptar. Somos inconformistas y, en nuestro afán por ser dios, recreamos vivencias que mantienen caliente el cuerpo, evitando así el dolor que causa la perdida.

No vamos a ser nunca capaces de olvidar, de cerrar esa puerta, pero si de continuar y avanzar como gigantes. No lo olvides. Nada tiene un final real porque todo continúa, el mundo sigue girando, tu sigues respirando, sigues soñando y sigues experimentando; recordando, sí, pero luchando para el mañana y no por el ayer.

En fin, la vida…

BRINDEMOS

brindisReservaba una botella de vino en la despensa. “Para una ocasión especial”, eso me dije para mis adentros al verla. La tenía guardada desde algún día del pasado invierno. Creo. Un rioja del 2002. Tenía buena pinta, aunque no entiendo mucho de vinos, solo los olisqueo (y después los bebo). El caso es que pese a no entender en exceso, sabía que este iba a ser de los buenos.

La botella estaba ahí cada día, mirándome de reojo, esperando con paciencia que llegara la tan ansiada “ocasión especial”.  Seguro que día tras día pensaba “killo, a ver cuándo llega ya la ocasión especial” o soltándome con sorna aquella de “cuándo tú quieras ¿eh?, sin prisas…”. Muy divertida ella. A la botella me refiero.

Con los años crees que vas teniendo el control de las situaciones, que la experiencia te suma puntos y te da ventaja. Que será más fácil reconocerlas. Que sabrás coger el toro por los cuernos y verlas venir, pillarlas a tiempo. Pero lo cierto es que no. Y es que aveces esperamos tanto y con tantas ganas la ocasión en mayúsculas, que pasamos por alto las que van en minúsculas, las secundarias que se acaban llevando todos los premios. Quizás por estar pendiente de una protagonista no nos damos cuenta que por delante están pasando, cada día y a cada instante, proyectos de actrices revelación a que no tenemos en cuenta, sin ser conscientes de que pueden ser un taquillazo.

botella

Y luego, mientras piensas, te preguntas qué ha de tener una ocasión especial para que sea especial. La costumbre, lo normal, lo cotidiano nos inclina a una luz de fondo, a una música clásica, a la velas, a una cena. Quizás sea por lo que nos cuentan, por lo que nos han contado que pasaba antes.O con lo que vemos por ahí, de vez en cuando, muy de vez en cuando. Probablemente, buscando este momento, no nos damos cuenta que perdemos brillantes ocasiones por no darles la oportunidad de serlo. No nos damos cuenta que, a veces, perdemos oportunidades por no darles la ocasión idónea, esa ocasión que lo cambie todo. Es el gran defecto de los idealistas. De los buscadores de detalles. De los estúpidos románticos. Estamos en la continua búsqueda de la perfección, de la secuencia que leerías mil veces sin cansarte.

Y nunca aprendemos. Siempre pensamos en guardar botellas de vino, velas y flores. Siempre reservamos un pedazo de nosotros para la gran ocasión, para la gran oportunidad. Siempre guardamos parte de las cartas nunca escritas, y muchos te quieros no expresados. Nunca aprendemos. Nunca nos rendimos. Pensamos existan las grandes ocasiones, las grandes oportunidades de las que hablan por ahí. Pero lo que no sabemos, es que tal vez, no sea todo a lo grande. Lo que no sabemos es que tal vez, haya que abrir las botellas de vino el día que nos apetezca. En solitario o en compañía. Lo que no sabemos es que tal vez, las grandes ocasiones nacen de ocasiones pequeñas. Que no hay que guardar tanto, que hay que expresar más, apostar más, brindar más.

por-miY me he propuesto brindar más. Brindaré por los minúsculos momentos de felicidad diaria que pasan por alto, por las risas que nadie sabe que te pegas soloacordándote de algo. Por los instantes en que me siento yo, yo mismo y mis circunstancias. Por las canciones que me acompañan en el trabajo. Por las cartas nunca escritas, por los te quieros nunca expresados y por los pedazos de alma que aún me reservo.Brindaré yo solo. O mejor dicho con mi botella. Brindaré por vosotros. Y también por mí. ¿Qué más da que sea un lunes por la noche?

En fin, la vida…